martes, 14 de octubre de 2008

OMAR FARUK TEKBILEK EN EL FESTIVAL CERVANTINO


OMAR FARUK TEKBILEK EN EL FESTIVAL CERVANTINO




Laura Fdez-Montesinos Salamanca


El día 9 de octubre de 08, en la ciudad de León Guanajuato, el músico turco Omar Faruk Tekbilek abrió el Festival Cervantino con un concierto que podría resumirse con una sola palabra: sublime. Como sublime fue también el segundo que ofreció en la Alhóndiga de Granaditas de Guanajuato el día 11.
Como ya es tradición en sus conciertos, en los que mezcla ritmos de diferentes culturas, abrió con una melodía sufí: Yunus. Un suave sonido de ney (flauta larga de bambú que representa al ser humano en la literatura sufí, inundó el ambiente que se presentaba fresco, con el cielo claro, estrellado y la luna brillando a uno de los costados del escenario. Inmejorable. No se escuchaba más sonido que el de la música, porque desde un inicio, desde la primera nota, hubo un contacto mágico con el público. La interpretación magistral de Omar Faruk Tekbilek con la flauta, fue subiendo de tono lentamente, insertándose el resto de instrumentos en una armonía tal, que apenas se percibió la evolución. De súbito, la ascendente vocalización de Omar fue elevándose hasta que llegó un momento en el que casi parecía imposible el tono que llegó a alcanzar. No solo su postura sedente con las rodillas juntas tocando la flauta indicaba claramente que se encontraba en un momento de meditación, de oración, sino que el movimiento de su cabeza al cantar, al elevarla abriendo la garganta, le confería un espacio principal de recepción de energía cósmica que el público recibía con hermosa generosidad. Esos momentos iniciales supusieron una conexión directa de cada uno de los músicos con los que escuchaban embelesados. No fue tan solo la calidad musical, el toque impecable de los instrumentos, sino la espiritualidad que rebosaba y que se derramaba sobre un público en el que era perfectamente reconocible la emoción.
Siguiendo el mismo tono suave al inicio, los músicos embarcaron al público en un viaje celestial, seguido de un ritmo trepidante que a más de uno nos hizo bailar irremediablemente. Las frenéticas percusiones, las cuerdas de la guitarra y de la baglama (laúd de mástil largo), la brillantez del Kanun (Salterio), la suavidad de los vientos del ney, del kaval (pequeña flauta diatónica) se escuchaban intensas, impecables, una tras otra melodía: Oglan boyun, Laz, Fire Dance, I love you, Elation, Hijaz Raks, Shashkin, Imaginary Traveler, y el bis, un tema de su anterior disco: Alif.
Poco antes de terminar el concierto, Faruk presentó a sus músicos de diversas nacionalidades: Estados Unidos, Israel, Turquía, incluyendo a su hijo Murat, un percusionista espectacular. Dijo ser una persona muy afortunada porque siendo turco, tenía la oportunidad como músico, de poder conocer y trabajar con gente de todo el mundo. Agradeció fervientemente al público, a su manager, al ingeniero de sonido, a todos quienes habían hecho posible el evento, al productor estadounidense Brian Keane, quién influyó decisivamente en su vida musical y a su esposa.
Posteriormente explicó la idea del sufismo: “Ser sufí es la idea de Dios, de un solo creador en el que todo converge, y la música es la expresión de dicha idea. El sufismo es la filosofía islámica que resume el mundo y la creación. Todas las cosas, todas las criaturas son hijas de un solo creador. Cualquiera que entienda eso puede entender el espíritu sufí. De esa manera yo amo y respeto a cada ser, a cada persona sin distingo alguno, a las piedras, a cualquier ser. No puedo decir que alguien no me gusta, porque todos son hijos del creador”.
El público, tanto aquellos que conocían el trabajo de Omar Faruk Tekbilek como los que no, respondieron admirados. No era para menos. Tanto el trabajo de composición, de ejecución, como el de interpretación en directo, están magistralmente elaborados y cuidados hasta en los más mínimos detalles. Y como acompañamiento, dos noches magníficas, a pesar de las gotas de lluvia que amenazaron en Guanajuato, que ayudó a que el virtuosismo de los músicos y la espiritualidad que absorbe Faruk, se extendiese entre el público, como si un chorro de luz ingresara desde su cabeza, y saliese despedido desde su pecho hacia todos los que escuchábamos.
Al final del concierto, muchos de nosotros pudimos percibir, cómo la paz que emana de su música, de su espiritualismo, de su generosidad como músico y como persona, había ingresado en nuestros cuerpos, en nuestros corazones y almas.
Un espectáculo único y magnífico que concibe una paz y una espiritualidad inmensas. laurafdez27@hotmail.com

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